Una historia basada en ollas de la vida real

Varias regalías pascuales caminaban juntas a las casas a las que les tocaba ir. Muy animadas, conversaban en el camino.
— ¿Qué creen que harán con nosotras?

— ¡Nos volveremos regalos para los niños! Ya me imagino esas caritas — sonríe la primera.
— Yo quiero que nos usen para comprar la pinta navideña. — coquetea otra mientras da una voltereta.

— Que pueda pagarles unas vacaciones.
— ¡Ojalá que me usen para tener un mejor año nuevo!
Así iban detallando sus esperanzas de llevar alegría y felicidad a los hogares.

Pronto llegaron al caserío donde serían recibidas y decidieron separarse para cumplir su misión de llevar alegría a las familias, pero acordaron reunirse luego en la calle central.

Una a una, cada regalía se despidió de las demás y fue entrando a la casa que le tocaba.
Todas tenían una mezcla de emoción y esperanza.

La primera encontró la puerta entreabierta. La sala se notaba triste, húmeda y solitaria. Por fin, desde el fondo del pasillo, una voz exclamó:
— Ah, llegó la regalía. Se va entera a pagar las tarjetas.

La segunda entró sin hacer ruido, vio las paredes descascaradas y una situación de mucha estrechez.
— Los chelitos que me traes son del prestamista que me tiene amenazao. — dijo un hombre, desalentado.

La tercera encontró a una mujer lavando ropa a mano, pues su lavadora se había dañado.
— Yo quería darme un gustico, pero tendrás que comprarme una lavadora nueva. — dijo la mujer.
Una a una, las regalías salían de las casas donde habían entrado minutos antes llenas de ilusiones.
Todas estaban tristes y llevaban bajo el brazo las encomiendas que les habían asignado. Se juntaron en la calle a compartir experiencias.
— Deudas. Vuelvo al banco a pagar tarjetas de crédito.
— A mí me toca ir al bolsillo de “Pepelo el prestamista”.
— Y yo tengo que ir a comprar una lavadora, ¡oye eso!
— ¡Qué mal, amigas! Tanto que queríamos ser un dinero feliz, pero solo llevamos un alivio pasajero.
De pronto, se dieron cuenta de que faltaba una regalía del grupo. ¿Qué le pasó?

La cuarta regalía también entró a una casa llena de precariedad y olla extrema. En todos los rincones se veían estados de cuenta, facturas pendientes de pago y actos de intimación.
Pero al entrar, una mujer la recibió con alegría.
— ¡Por fin llegaste! — dijo la mujer levantándose de un sofá remendado — . ¿Sabes? Yo debo mucho dinero, pero esta vez quiero usar el alivio que me traes de manera diferente.
La regalía se sintió intrigada.
La señora se acercó a la puerta para cerrarla. Invitó a su regalía a sentarse un rato.
Por fin, la mujer habló:
— Cada diciembre, cuando llega mi regalía de ese año, la mando entera a pagar mis deudas. Se siente bien porque puedo empezar el año sin deber tanto dinero. Pero me di cuenta de que enero me encuentra sin ni uno y desde que surge un problema, cataplúm, se lo cargo a la tarjeta y se vuelve deuda.

— Así que esta vez voy a hacer un FIDEO — dijo la señora y la regalía frunció el ceño.
— ¿Un qué? ¿Me vas a gastar comprando sopa ramen? — exclamó confundida la regalía.
— No, no. Es una estrategia que leí en Sal de la Olla. Usaré 20% del dinero para empezar un Fondo de emergencias, con 25% abriré mi primera inversión. Voy a destinar 45% a atacar mis deudas y con el 10% que sobra me compraré algún regalo o antojo. — dijo la mujer, muy convencida.

— ¡Eso es muy interesante! — exclamó la regalía genuinamente entusiasmada.
— Eso creo — agregó la mujer — , porque aunque voy a seguir teniendo deudas en enero, estaré mejor preparada para EVITAR nuevas deudas. Y si me llega alguna emergencia, tendré un dinero que me permitirá suavizar el golpe.
— ¡Y vas a invertir! ¡Ese es un paso gigantesco! — añadió la regalía totalmente eufórica.
— Sí, porque solo cuando ponga mi dinero a producir más dinero estaré realmente dando los pasos correctos para salir de la olla. — agregó la señora.
La regalía salió muy contenta y dejó a la señora con una sonrisa llena de esperanza. Pronto alcanzó a sus amigas que estaban preocupadas por ella.

— Amigas, ¡me fue muy bien! — exclamó mientras casi tropezaba con el grupo.
— ¡Cuenta! Estábamos preocupadas de que te hubiera secuestrado un atracador. — dijo una de las colegas.
— Jajaja, pues no. Me tocó una señora muy juiciosa. ¡Va a aprovechar el alivio que le traigo para encaminar mejor sus finanzas! — dijo llena de alegría mientras le explicaba cómo funciona la estrategia FIDEO.
— Fuiste la única que le tocó un destino que mira hacia el futuro. A todas nosotras nos mandaron a resolver problemas del pasado. — dijo una de ellas.
— Ay, qué mal. — dijo la regalía feliz. — Cuando entré, me dio miedo, pues se nota que ella tiene muchos problemas. Pero mi dueña tiene un plan y está puesta pa’ hacerlo funcionar. ¡Solo faltaba que yo llegara!
Y así continuaron conversando. Las primeras regalías lamentaban que sus dueños no analizaran las cosas mejor. “¡Ojalá dejaran de ser reactivos y empezaran a ser proactivos!” suspiraron en coro.

Así se fueron a cumplir sus misiones. Tres de ellas iban cabizbajas y derrotadas: solo “nivelaron deudas” que, en el fondo, saben que pronto volverán.
La regalía feliz iba convencida de que sí ayudará a su dueña a tener un verdadero “Próspero Año Nuevo”
Moraleja
Debemos ver la regalía pascual (y cualquier dinero extra que recibimos) como una oportunidad para apalancar las finanzas. La estrategia FIDEO es una forma de manejar tu situación y empezar a romper el ciclo de la deuda.
¿Y qué hago con las deudas que tendré en enero?
Debes proponerte un plan realista para pagar tus deudas poco a poco durante el año. Ponte fuerte para que esa sea tu meta y no necesites usar tu próxima regalía en deudas.
Utiliza tu regalía para tener un Próspero Año Nuevo de verdad.
¡Feliz Navidad para todos!
Texto: Darío Martínez Batlle para Sal de la Olla, SRL
Ilustraciones: Carlos Vargas (@kaeiou en Instagram)












































