Evita vivir en modo ARS
La semana pasada escribí sobre una frase provocadora que resonó con varios de ustedes:
"El dinero es vida representada en pesos"
Argumentaba que el dinero que ganamos o producimos con nuestro trabajo refleja todo el esfuerzo, tiempo y talento que hemos entregado a un negocio o un empleo, y que al final nos retribuye una suma de dinero.
El refrán dice que “el tiempo es oro”. Yo lo veo al revés: el dinero es tiempo convertido en pesos.
Aceptar esta realidad desbloquea una manera de ver el dinero que, creo yo, es inmensamente honesta y preocupante a la vez… porque si lo vemos así, entonces "botar el dinero" es mucho más grave que simplemente tener menos balance en la cuenta. Equivale a que desperdiciamos cierta cantidad de nuestra única vida en algo que no valía la pena.
Y precisamente por entender el dinero de esa manera, hay otra idea que brota naturalmente:
Muchos problemas financieros no tienen que ver con finanzas, sino con hábitos, emociones y patrones aprendidos. Como dicen, "no tengo pruebas, pero menos tengo dudas".

Imagen creada por la IA a partir del contenido de este mensaje
Warren Buffett dijo una vez "Gasta menos que lo ganas e invierte la diferencia" y sé que estás de acuerdo con que esa es una buena idea. También apostaría que la hormiga y la cigarra te dejaron la moraleja de trabajar con esfuerzo y previsión. Todos tenemos una idea bastante clara de qué debemos y qué no debemos hacer con el dinero.
¿Por qué, entonces, fracasamos en poner en práctica estas enseñanzas tan claras y obvias? ¿Por qué actuamos de manera diferente a lo que consideramos correcto? Inteligencia no nos falta, ¿verdad? El problema es que el dinero se maneja más con las emociones y con la rutina que dan los hábitos.
Los hábitos
Podría parecer que los hábitos son malos, pero no es así. Sin rutinas y hábitos sería imposible vivir (el día que dejo las llaves de mi vehículo en otro lugar distinto al "correcto" fácilmente termino pidiendo un Uber). Son conductas que nuestro cerebro automatiza para ahorrar tiempo y energía.
Steve Jobs casi siempre vestía jeans azules y turtlenecks negros. Supuestamente eso le evitaba detenerse a pensar en qué ponerse y aprovechaba ese brainpower para diseñar el nuevo iPhone. Nosotros hacemos lo mismo con el dinero, lo usamos en automático para evitar parar a pensar y tener que decidir.
Por eso, desde que cae la quincena nos vamos al supermercado, almorzamos en un mejor lugar que lo usual o somos más propensos a hacer una compra que no haríamos si estuviéramos jalando la quincena.
Eso nos da la recompensa de sentir alivio y abundancia después de la sequía. Nuestro cerebro aprende que "quincena = darme un gustico". Y desde que lo repetimos un par de veces más, lo hacemos en automático, sin pensar, y no hay manera simple de evitarlo.
Por eso, con frecuencia pasan dos días, ya no tenemos dinero y honestamente no sabemos en qué se fue la quincena.
Las emociones
Tampoco son buenas o malas. Pero son más filosóficas y difíciles de dominar. Como el dinero tiene tanto poder, las emociones nos hacen usarlo a su antojo. Hacemos compras por sentir alivio, para distraernos, porque queremos pertenecer, con esperanza de algo, porque queremos sentir que tenemos el control. Todas son emociones manejando el dinero.
Si alguna vez tuviste un pésimo día en la oficina, alguien te rompió el corazón, o le ibas a Messi en el Mundial, es mucho más fácil que caigas en comprar cualquier cosa que te permita calmar la ansiedad. ¿Realmente querías comprar esa tarta helada o la cartera Gucci de 95,000 pesos? Probablemente no… lo que realmente compraste fue dopamina. Sentir ese gustico de anticipación positiva y la sensación de que "todo vas taaaaal bieeeeen".
¿Lo peor de todo? Que te comes toda la tarta helada o usas una vez la cartera y sientes que la alegría ya se fue. Y se reinicia el ciclo otra vez.
Según la neurociencia, este comportamiento es "natural" pero peligroso, porque la dopamina responde más a la expectativa que a la posesión. Por eso con frecuencia el "Your package has been shipped" nos hace felices por más tiempo que el "Your package has arrived".
Peor aún, la dopamina es un monstruo que mientras más crece, más come y más pronto le da hambre.
Los patrones aprendidos
Ramit Sethi, uno de mis guías profesionales en educación financiera, insiste mucho en que los seres humanos somos excelentes contadores de cuentos, y que la persona a la que más amamos contarle cuentos es a nuestro propio yo.
Desde que aprendemos a hablar, absorbemos creencias, mensajes e historias que casi nunca tienen un fundamento sólido y que luego nos pasamos toda la vida repitiéndolas a nuestra mente como papagayos.
Por eso, si en nuestra infancia escuchábamos con frecuencia "no hay dinero pa eso", interiorizamos que la escasez es normal y permanente.
Si crecimos viendo a nuestros padres discutir por temas de dinero, aprendemos que hablar de finanzas con la pareja es peligroso.
Si en la familia siempre se ayudaba a cualquiera aún a costa de la estabilidad propia, nos hacemos la idea de que "decir no es ser egoísta" y que "en nuestra familia nos ayudamos sin dar mente".
Esos aprendizajes (y muchos otros) son inevitables, todos tenemos muchos "guiones invisibles" que nunca cuestionamos porque nos parecen incuestionables.
No es malo tener patrones, en muchas ocasiones son útiles. El problema viene cuando los sostenemos sin cuestionarlos aún cuando ya no tienen sentido.
Si una persona se crió en un ambiente de escasez, con deudas, embargos y actos de alguacil, es normal que sienta miedo cuando su situación se pone apretada. Obviamente no quiere revivir esos años de precariedad.
Pero si luego prospera y su situación mejora sustancialmente, con frecuencia se mantendrá "ahorrando por si acaso", pendiente de sus inversiones todo el tiempo y jugando siempre conservador, sin nunca disfrutar su dinero. ¡Su pasado sigue dominando sus decisiones financieras hoy y mañana!
¿Cómo combatimos estas cosas?
La mayor dificultad de los hábitos, las emociones y los patrones aprendidos es que son parte integral de nuestra identidad. Además, son muy fáciles de justificar, porque es lo que nos "ha funcionado" toda la vida.
Nunca he encontrado una sola persona que diga sinceramente "Tengo malos hábitos", pero sí he visto personas justificarse diciendo "Es que yo soy así", como si fuera una cadena perpetua.
En una conversación de asesoría en finanzas personales, cuesta muchísimo lograr que el asesorado desconecte su identidad del manejo del dinero. Pero cuando lo logra, ¡eso es mágico! Es, literalmente, como cuando Neo "se mete" en la Matriz y aprende a detener las balas.
¿Qué sentiste?
Una de mis preguntas favoritas cuando alguien me confiesa que "gastó en algo que no debía" es simplemente "¿qué estabas sintiendo cuando hiciste esa compra?" La respuesta casi siempre revela la emoción exacta que pretendía suplir, o el "autocuento" que se dijo sin pensar.
¿Quieres hacer la prueba? Mira tu estado de cuenta más reciente e identifica uno o dos de esos gastos que ahora te pesan y pregúntate: "¿Qué emoción quise complacer con esto?". Mientras más honestidad le pongas, mejor será.
Ahora bien, el ejercicio funciona a la inversa también. Si has hecho un gasto consciente e intencional, pregúntate cómo te sentiste haciéndolo. La respuesta te va a gustar mucho, porque revelará que estás caminando en la dirección correcta.
¿Fue fácil gastar?
Si hay algo que es facilísimo en esta época es gastar dinero. Tenemos efectivo, tarjetas, transferencias, pago sin contacto, ApplePay, Google Wallet, de todo.
Una manera de ayudarte es eliminar la facilidad. Crea fricción en el gasto, que sea más complicado usar tu dinero. Borra tus tarjetas del móvil. Elimina Amazon, eBay y las apps de ropa y comida. Reduce tus tarjetas de crédito al mínimo, y solicita una disminución de tu límite de crédito, al menos por unos meses. Y la más efectiva idea si te pones pa eso: Prohibido comprar hoy, siempre espera un día o dos antes de comprar.
James Clear, autor de "Hábitos Atómicos" dice que crear buenos hábitos implica crear disparadores, apilar un hábito en otro que ya hacemos, y facilitar la acción empezando con dos minutos. Para eliminar malos hábitos, el camino es inverso: eliminar el entorno facilitador, hacer difícil empezar el mal hábito y crear disparadores que neutralicen lo que queremos dejar de hacer.
Con las historias que nos contamos, hay que acostumbrarnos a interrogarnos con severidad. ¿Esto que creo sigue siendo válido hoy, y por qué?
Cuidado con vivir en ARS
Los hábitos nos llevan a decidir automáticamente.
Las emociones nos impulsan a decidir rápidamente.
Los patrones nos empuja a decidir silencionamente.
Ese ARS es terrible en las finanzas porque roba la intención y el propósito que debes darle a tu dinero para que tu gasto se parezca a ti.
Muchas personas no se dan cuenta de que en verdad no están administrando su dinero, sino gestionando sus emociones y siguiendo las creencias que nunca han cuestionado. Y lo hacen sin pensar en nada de ello, porque "eso es muy difícil y toma tiempo".
Esa realidad es la que veo constantemente en la gente. Y por eso, muchas personas que intentan organizar sus finanzas creen que una app los va a salvar. Pero como bien dice el refrán: "Es el indio, no la flecha".
No necesitas YNAB, ni Quicken, ni Zerosum, ni Excel. Antes que nada necesitas preguntarte "¿Qué emociones, hábitos y creencias sobre el dinero están moviéndome a gastar en automático, con rapidez y sin cuestionamientos?".
Dale mente.
¡Hasta la próxima semana!
Darío