¿Sabes cuál es el día más peligroso para tu bolsillo? El día de pago.
Sí, ese mismo día que pasamos semanas jalando para que llegue, suele ser el día en que tomamos las peores decisiones. Y no es que nos falte inteligencia, sino que somos humanos y cuando los biyuyos caen en la cuenta, la prudencia se nos desacoteja.
Sin darte cuenta, el diablito aparece en tu hombro: “¡Hoy se come bueno y con postre caro, bebé!” o “Ese especial de Amazon te está llamando, ¡dale p’allá que tú ta’ cobrao!”.
La única forma de callar al diablito es tomando el mando.
Trata tu dinero como un regimiento de soldados que llega a tu destacamento: si no les das órdenes claras de inmediato, se van a poner a inventar. Mi consejo es este: Dale trabajo a tu dinero el mismo día que lo recibes.
Este enfoque te da dos grandes beneficios:
Claridad absoluta: ANTES de gastar un peso, ya sabes en qué vas a usar CADA peso. Pasas de improvisar a actuar con intención.
Seguridad emocional: Si recibes 30 mil "soldados" y mandas 15 mil al alquiler, 4 mil a la gasolina y 8 mil al súper, puedes gastar 3 mil de diversión sin el miedo constante de: “¿Y si después no me da para pagar la casa o la compra?”.
Pero ten cuidado con tener soldados barajando: Es un error dejar dinero sin oficio "por si acaso". Convierte el "por si acaso" en una misión real y envíalos a un fondo de emergencia o inversión. En mi cuartel, nadie se está rascando el ombligo.
Si quieres probar herramientas que te ayuden a priorizar con intención, te recomiendo YNAB y MyBudgetCoach. Ambas se basan en este principio y yo, como coach certificado de estas dos plataformas, he ayudado a decenas de personas a dominarlas.
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Las tarjetas de crédito son tan universales hoy en día que es fácil olvidar que no todos sabemos utilizarlas correctamente, y menos aún usarlas a nuestro favor. La definición más simple de "tarjeta de crédito" implica confianza: los bancos, casi literalmente, nos dicen "Yo creo que tú eres capaz de comprar cosas y pagar luego todo lo que hayas consumido".
Lamentablemente, con frecuencia vemos personas que utilizan su tarjeta de crédito de espaldas a esta confianza. Esta entrada propone un cambio de mentalidad en el uso de este medio de pago tan beneficioso y a la vez riesgoso.
Julia y Miguel: Dos filosofías de crédito
Conoce a Miguel y Julia, ambos de 21 años, novios que se conocieron en la universidad. Miguel consiguió su primer empleo hace un año y Julia empezó a trabajar diez meses atrás. Ambos acaban de recibir su primera tarjeta de crédito, cada una con un límite de 1500 dólares.
Con el tiempo, ambos han utilizado sus tarjetas con frecuencia. Cada mes, toman parte de su salario y pagan los balances consumidos. Ninguno ha pagado intereses por concepto de financiamiento ni se han atrasado en sus pagos al banco.
Sin embargo, si viéramos sus piernas, Miguel ahora arrastra cadenas y grilletes mientras que Julia puede caminar sin dificultad. ¿Qué ha pasado?
Dos enfoques divergentes
Julia y Miguel representan dos filosofías esencialmente divergentes sobre el manejo del crédito:
Miguel ha empezado a ver su tarjeta de crédito como dinero extra. "Ahora tengo mi salario y además puedo comprar con el dinero del banco", piensa. Ha realizado muchas compras sabiendo que con su próximo pago saldará todo lo consumido. "No es problema", dice. "No pagaré nada de interés al banco, pues sé bien que no debo endeudarme más allá de lo que puedo pagar". Miguel tomó la confianza que el banco le otorgó y la delegó en su empleador.
Julia, por otro lado, no percibe su tarjeta de crédito de la misma manera. "No es dinero extra, es solo una opción para pagar", explica. "Todo lo que yo consumo con mi tarjeta de crédito habría podido comprarlo con el dinero de mi cuenta bancaria". Julia paga con su tarjeta por sus beneficios: las millas, los reembolsos, los privilegios que otorga. Pero se esfuerza en no comprar cosas que no pudiera pagar con dinero que tiene en ese momento. Y la forma en que Julia puede mantenerse al día es mediante el uso de una app como MyBudgetCoach o como YNAB o para guiar su plan de gastos. Estas aplicaciones le ayudan a diseñar categorías de gasto que evitarán que se endeude.
La deuda flotante
Tres años después, Miguel y Julia están casados. Mantienen sus hábitos financieros divergentes y aún utilizan su crédito de la misma manera que cuando eran novios.
Ambos han progresado y ahora cada uno recibe un salario mensual de 4000 dólares. El banco les ha triplicado el crédito, y ahora cada uno puede cargar hasta 4500 dólares a sus tarjetas.
La situación actual es la siguiente:
Miguel tiene un balance de 4285 dólares en su tarjeta, mientras en su cuenta bancaria solo hay 622 dólares. "No importa, el viernes llega mi pago, con eso limpiaré mi tarjeta", dice confiado.
Julia tiene un balance de 4394 dólares en su tarjeta de crédito, pero su cuenta bancaria tiene 4412 dólares. "Puedo saldar mi balance ahora mismo si quisiera", dice. "Y también recibiré mi pago el viernes".
En otras palabras, Julia tiene todo el límite de crédito a su favor. Miguel, por otro lado, necesita cobrar para saldar su deuda sin penalidades, pero se quedará casi descapitalizado, viéndose obligado a volver a cargar su tarjeta hasta el tope.
La deuda que Miguel tiene en su tarjeta de crédito flota de mes a mes, solo cambiando su fecha de vencimiento, y no puede eliminarla sin recibir su pago. Julia, por el contrario, puede saldar su tarjeta en cualquier momento. Mientras ella es dueña de su crédito, Miguel es esclavo del suyo.
Al llegar el viernes, ambos reciben su pago mensual (4000 dólares cada uno) y saldan sus balances de tarjeta de crédito. Miguel queda con 337 dólares en su cuenta bancaria (622+4000-4285). Julia queda con 4018 dólares (4412+4000-4394).
El señor Murphy interviene
Es hora de añadir algunas "dosis de la vida" a la historia de Julia y Miguel, cortesía del Maestro Jedi de los imprevistos, el señor Murphy.
Mientras regresaba a casa, Julia tuvo un accidente y fue hospitalizada. Miguel, turbado y preocupado por su esposa, se distrajo mientras manejaba e impactó una pared, averiando sensiblemente su automóvil.
Tras recuperarse de los percances, se sorprendieron al comprobar que los costos asociados con la hospitalización y el choque ascendieron a la misma cifra: 3000 dólares.
Recibieron sus facturas con preocupación, pero con una diferencia capital:
Miguel miraba nervioso su balance disponible, dándose cuenta de que no contaba con suficiente dinero para pagar la reparación del automóvil.
La preocupación de Julia era diferente. A pesar de haber pagado todo su balance pendiente de la tarjeta, sabía que en su cuenta bancaria tenía suficiente para pagar la factura médica.
La angustia de Miguel provenía de la crudeza del quiebre, mientras Julia contaba con más holgura: podía pagar la factura médica con su tarjeta de crédito y tenía aún 50 días para honrar su deuda (30 días del mes más unos 20 de plazo que otorga el banco luego de la fecha de corte). Miguel tendría que financiar su deuda y modificar su estilo de vida, mientras que Julia tenía espacio para hacer ajustes y mantenerse a flote sin cambios en su rutina diaria.
Solo entonces Miguel se dio cuenta del gran error que había estado cometiendo por años: al cargar a su tarjeta de crédito compras sin respaldo inmediato, poco a poco Miguel perdió la ventaja de tener crédito. Ahora con este imprevisto (y sin un fondo de emergencia) tendrá que caer en el oscuro abismo del financiamiento.
De Miguel a Julia
La historia de Julia y Miguel busca ilustrar dos filosofías de manejo de crédito que son comunes. En el mundo hay muy pocas Julias pero infinidad de Migueles. Y peor aún, aquellos que están peor que Miguel, los que además de arrastrar deuda, también arrastran financiamiento. A ese club pasará Miguel, y por eso su angustia.
¿Eres Julia, o eres Miguel? ¿Cargas consumos a tu tarjeta porque no tienes efectivo y estás contando con que "cuando cobre yo pago todo lo que debo" como decía Miguel, o cuando haces consumos eliges pagar con la tarjeta de crédito pero podrías pagar con efectivo, según el ejemplo de Julia?
Si te identificas con Miguel y quieres tener la paz de Julia, aprovecha tu posición de ventaja antes de que el señor Murphy te lance una de las suyas. Empieza a pagar más a tu balance cada mes, para que aumentes tu disponible. En cuestión de algunos meses, te parecerás a Julia y escalarás un peldaño más en tu camino hacia la libertad financiera.
Este es uno de los muchos escenarios en los que MyBudgetCoach y YNAB pueden ser útiles. Al crear un presupuesto que priorice sus necesidades, lo ayude a anticipar las travesuras de Murphy y le brinde la flexibilidad para cambiar sus prioridades cuando sea necesario, será mejor que use su tarjeta de crédito para sus beneficios, y no por necesidad.
Antes de terminar
Es importante notar que en la historia de Julia y Miguel no se mencionaron los fondos de emergencia. La intención de esta entrada es ilustrar cómo dos filosofías de manejo de crédito pueden tener resultados abismalmente distintos. Sin embargo, es necesario recordar que la primera estrategia que debemos cultivar para evitar el endeudamiento es construir fondos de emergencia (mejor si son "con nombre propio") para evitar tener que recurrir al crédito cuando algo suceda.
Si Miguel y Julia hubieran contado con un fondo de emergencias, sus percances habrían podido ser cubiertos con ellos, evitando así la necesidad de utilizar sus tarjetas de crédito o enfrentar dificultades financieras en momentos de crisis.