Uno de los mejores memes de las pasadas Olimpíadas es sin dudas el de Yusuf Dikeç. En medio de toda la parafernalia que utilizaban los demás competidores en la prueba, Yusuf parecía un turista al que el equipo turco le ofreció un picapollo y 500 pesos para representarlos. Sin equipos ni vestuario especiales y con una mano casualmente en su bolsillo, nos hizo creer que aquello era fácil.
La imagen de Dikeç nos acerca al sueño de un día estar en el podio. Casi nos dice "si yo pude competir así como que ná e' ná, tú también puedes lograrlo si te pones pa' eso".
Tan poderosa fue la idea en el imaginario mundial, que uno de cada cuatro británicos están convencidos de que podrían competir en algún deporte de Los Ángeles 2028 si empezaran a entrenar hoy (y 15% se cree capaz de enfrentarse al mismísimo Dikeç).
A mí me encanta el espíritu de "sueña alto" y "el cielo es el límite" que tiene tanta autoconfianza, pero… ¿realmente es realista apuntar tan alto?
No, absolutamente no. Pero igual, da para soñar desde la comodidad del sofá.
Con las finanzas sucede algo parecido. Soñamos con volvernos millonarios (¡y rápido!), creemos que una inversión arriesgada se trocará en una montaña de dinero. Algunos se aferran a un descontextualizado "Dios Proveerá" como ticket para resolver todos sus problemas económicos. Pero, ¿qué tan realistas son estas "metas"? Nada realistas, mucho peor, son contraproducentes porque delegan la responsabilidad de actuar en la suerte o en una figura que debería tener asuntos de mayor importancia qué atender antes que pensar en tu olla.
Bajemos un rato al mundo real. Mira algunas de las preguntas que deberías hacerte si realmente quieres cambiar tus finanzas.
¿Qué podría lograr realmente si me dedico los próximos cuatro años a trabajar en mis finanzas?
Podrías aprender a presupuestar y sanar tu relación con el dinero. Podrías saldar todas tus deudas de consumo. Podrías construir un sólido fondo de emergencias. Podrías trabajar en mejorar tu plan de pensión para la vejez. Podrías aprender a invertir de manera inteligente.
Si te decidieras a entrenar estos próximos cuatro años, tú podrías crear hábitos financieros saludables que te acompañán toda la vida, eliminar tu estrés financiero y acercarte cada día más a la libertad y la independencia económica.
Con metas financieras realistas y un esfuerzo constante (porque no es de gratis), tú puedes transformar tu situación financiera significativamente. ¿Lo mejor de todo? ¡Que no tendrás que esperar cuatro años para ver el fruto de tu esfuerzo!
Si pones empeño y te aferras a las herramientas correctas, en muy poco tiempo empezarás a superar a siete de cada diez personas en el mundo. Puede que no llegues al podio de las tres personas más prósperas del mundo, pero tampoco necesitas hacerlo.
Beneficios de entrenar tus hábitos financieros
Aprender a presupuestar (correctamente):
- Un buen presupuesto te ayudará a cambiar tus finanzas porque aprenderás a usar tu dinero con intención, a prever las dificultades, a ajustarte a los cambios que lleguen a tu vida, y a añejar tu dinero para darte cada vez más tranquilidad, paz y seguridad.
- Un buen presupuesto te permitirá entender tus hábitos de consumo y siempre sabrás a dónde quieres que vaya tu dinero. Evitarás gastos innecesarios y guiarás tus recursos hacia lo que realmente te importa.
- Al seguir un buen presupuesto, podrás plantearte metas alcanzables y tendrás claro el camino que debes seguir para alcanzarlas. Tu vida será un paseo conquistando los frutos de tu presupuesto, y no esa carrera atroz que muchos llevan de quincena a quincena hasta la muerra.
Salir de deudas:
- Cuando eliminas tus deudas, especialmente aquellas con altos intereses, te liberas de la carga financiera mensual y reduces el estrés que provocan esas molestosas llamadas (y podrás usar tu dinero en mejores proyectos).
- Al saldar tus deudas, mejoras tu puntaje de crédito, lo que te permitirá acceder a mejores tasas de interés en el futuro y facilitará el logro de otros objetivos financieros. El score crediticio es una llave que quieres manejar.
Construir un fondo de emergencia:
- Un fondo de emergencia te proporciona un colchón financiero para afrontar gastos inesperados, como reparaciones del hogar o emergencias médicas, sin tener que endeudarte. Y no, salir a cenar no es una emergencia, ¡planifica eso sin tocar tu fondo de emergencias!
- Saber que tienes un respaldo financiero te permite tomar decisiones sin la presión de la incertidumbre, brindándote tranquilidad en tu día a día. Puedes permitirte tener más audacia en tu carrera, buscar mejores trabajos, emprender más, porque sabes que si algo no sale bien, tu fondo de emergencias va a salvar tu estilo de vida mientras te estabilizas.
Ahorrar para la jubilación:
- Lamento decirte esto, pero NO puedes contar con tu fondo de pensión como única fuente de financiamiento de tu vejez cuando ya no puedas trabajar. Sí, tendrás una pensión, pero rara vez ella será suficiente para costear tu estilo de vida, mucho menos para disfrutar tu ancianidad viajando.
- Si quieres tener una vejez interesante, sin depender de que tus hijos (que tendrán sus propios problemas) tengan que meter mano contigo, tienes que trabajar en eso tú, y ahora. Al ahorrar consistentemente para tu vejez, te aseguras de tener los recursos necesarios para mantener tu calidad de vida cuando ya no puedas o desees trabajar.
- No se vale guardar dinero bajo un colchón, créeme. Pero si desde joven miras tu fondo de pensión personal como una inversión, aportando dinero cada mes y reinvirtiendo las ganancias, aprovecharás la magia del interés compuesto, haciendo que tu dinero crezca significativamente con el tiempo.
Invertir de manera inteligente:
- El santo grial que te sacará de la olla para siempre. Cuando empiezas a invertir, y te planificas para diversificar tu portafoio, generarás ingresos adicionales a lo largo del tiempo, lo que te permite aumentar tu riqueza sin un esfuerzo directo de tu parte.
- Invertir en diferentes tipos de activos reduce el riesgo financiero, ya que no dependes únicamente de una inversión.
Mejorar nuestra relación con el dinero:
- Cuando sanas tu relación con el dinero, puedes identificar y cambiar hábitos perjudiciales, como el gasto impulsivo ("¡Yo me lo merezco!"), y podrás tomar decisiones más alineadas con tus objetivos a largo plazo. Controlarás tú el dinero, no el dinero a ti.
- Trabajar en tu relación con el dinero puede ayudarte a sentirte más seguro y en control de tus finanzas, lo que reduce la ansiedad y te permite disfrutar más de la vida. Y en el fondo, de esto se trata todo.
